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jueves, 5 de octubre de 2017

Ciudadana del mundo...



El llegar a acuerdos depende de la voluntad, la coherencia y el respeto de los interlocutores


Me declaro ciudadana del mundo, sin fanatismos, respetando la dignidad de los seres humanos sean de donde sean,  demócrata convencida, no me gustan las decisiones unilaterales, no consigo entender cuando se pasa por encima de las leyes, ni nada que se efectúe por la fuerza.

Hay situaciones que creo, aunque nunca se puede decir de este agua no beberé, no voy a vivir,  por esto y por  mi manera de entender la vida y las relaciones, me siento afortunada...

Soy afortunada, creo en la igualdad y el derecho de las personas y como consecuencia condeno la violencia física y también la violencia verbal, esa que hiere en el alma y cuya huella es muy difícil que desaparezca.

Soy afortunada no odio, pero no me gustan aquellos, que con sus palabras, siembran odio y crean diferencias, fragmentando familias, amigos, sociedades, pueblos..,

Soy afortunada entiendo como imprescindible el respeto hacia las opiniones de los demás,
pero también exijo que se respeten de la misma  manera las mías.

Soy afortunada no prejuzgo, o por lo menos tengo la voluntad de no hacerlo, discriminando por ideas, lugar de nacimiento, idioma o religión, así  mismo no me gusta que me limiten, ni me encasillen.

Soy afortunada intento favorecer la convivencia, quitando barreras no creándolas,
 no estoy a favor de los grupos que se consideran únicos y exclusivos.

Soy afortunada enseño a mis hijos a  convivir con diferentes culturas, a nutrirse de distintos idiomas y tradiciones, 
por ello estoy en contra de no favorecer la integración y de la formación excluyente.

Soy afortunada ya que sigo siendo tolerante, aunque en ocasiones tenga que dejar de cuestionarme sucesos,
pero me revuelvo ante las vejaciones, los insultos y las humillaciones.

Soy afortunada porque antepongo lealtad, principios, y valores generales, al bienestar partidista, por ello detesto la deslealtad, y el menosprecio al valor ajeno.

Soy afortunada al preocuparme en buscar la información y no dejarme llevar por opiniones sesgadas e interesadas de tal modo me molesta que se convierta lo subjetivo en objetivo.

Soy afortunada, me duele lo que les duele a mis amigos aunque no esté de acuerdo o lo entienda, y me daña sentirlos lejos por creerse incomprendidos.

Soy afortunada identifico lo injusto, lo desproporcionado, la manipulación, y rechazo a quienes se aprovechan de las ilusiones de los otros.

Soy afortunada por creer que los sueños de hoy  pueden ser realidades de mañana , pero me estremezco ante quienes alimentan quimeras.

Soy afortunada por reflexionar y expresar en libertad pero me siento apenada por los que consideran que pensar diferente es una agresión y lo condenan rechazando a quien lo hace.

Soy afortunada creo en el diálogo, en la negociación pacífica, en las personas con voluntad, rechazo el conmigo o contra mi y a los que desean pasar a las historia ya sea por héroes o mártires.

Soy afortunada creo en la cordura y la coherencia pero me siento, hoy, impotente, rechazada y muy decepcionada ...
hoy me restan el privilegio de considerarme, a la vez que española y navarra, como parte de un todo al que pertenezco, catalana.

Por eso hoy, a pesar de ser afortunada, me siento muy vacía y muy triste...




lunes, 11 de septiembre de 2017

Recriminarse a uno mismo

A veces pensamos que está en nuestra mano solucionar lo que en verdad no depende de nosotros...

«No seas tan dura contigo misma» me dijo un querido amigo el otro día, y pensándolo bien tenía razón estaba juzgándome muy duramente.

Me sentía triste, me siento triste... me he dado cuenta de que me he pasado la vida intentando acercar posturas de unos y de otros,  desgastándome  yo para, al final, no conseguir nada...
Y es que no podemos solucionar la vida de los demás, cada uno toma sus propias decisiones movido por sus propias percepciones y por más que nos empeñemos no conseguiremos que coincidan con nuestros deseos, ni enfoques, algo que además de altamente improbable, sería poco saludable ya que no son nosotros...
y a pesar de que nuestros movimientos sean en pos de su felicidad tampoco es seguro, lo que a uno le produce satisfacción y felicidad no tiene porqué producirlo a otro, y en consecuencia lo que uno cree que es bueno para otro queda en interrogante que en verdad lo sea.

A veces intentamos pintar las cosas de manera que resulten más gratas a la vista de las personas que queremos y nos importan, para allanar caminos, acercar posturas y facilitar relaciones, y tal vez consigamos que superficialmente todo funcione, pero de una manera ficticia ya que el otro, generalmente, en su interior no cambia de idea, en algunas ocasiones, lo único que si hace es, pensando en ti a su vez,  regalarte lo que tu quieres recibir....y en otras ni siquiera se da cuenta de que la historia va con él... 

Un laberinto de idas y venidas...

Y tú sin ser consciente de que estás en ese laberinto, te tranquilizas a ti misma con una palmadita en tu espalda pensando que has conseguido algo, que tus esfuerzos han dado fruto...y te quedas en ese mundo que has creado, a tu medida, pero que no es real...
Y cuando ves que nada se soluciona , que la incomprensión permanece, que se malinterpretan tus intenciones, te preguntas el para qué de tanta lucha, incluso de tantas lágrimas, y te sientes impotente e inútil, y te cuestionas a ti misma juzgándote con rabia...

Y cuando consigues respirar profundamente, asomarte al balcón y mirar con distancia,  te das cuenta de que no puede uno culparse hoy por algo que hizo ayer, y cuyas consecuencias desconocía...y máxime cuando lo único que pretendía era construir en positivo...
que las decisiones de los demás son sus decisiones y por ello merecen un respeto, que cada uno se pone en su propio sitio y que hay muchas situaciones que no está en tu mano solucionar.

«El futuro sólo se adivina cuando uno llega al presente» 

Lo cierto es que cuando se está tranquilo con uno mismo, se ha de dejar fluir la vida, la propia y la de los demás y que cada una transcurra por el cauce que deba de hacerlo... 

Con intentar encauzar nuestro propio camino ya tenemos bastante, y no somos quienes para decidir lo que debe sentir o dejar de sentir nadie por mucho que le queramos.

El pasado no construye futuro muy al contrario, en ocasiones, lo que puede es paralizar el presente.

De mis hechos pasados solo puedo decir que actué de corazón y en consecuencia no me culpo ni me recrimino, lo creí y por ello lo hice, así sin más,  bueno añadiría que  siempre con amor... o eso intenté...

Hoy, he aprendido, dejo fluir... y que la vida haga camino.

(Del futuro no me olvido ya que el futuro siempre será hoy solo que seguramente en ese "hoy" habré crecido, en todos los sentidos, o eso espero algo más).




lunes, 19 de diciembre de 2016

Vibrando en sintonía

Cada vez soy más consciente de que las almas no tienen edad...

Hace unos días estando con mi sobrino de seis años me quedé perpleja...

Como puede ser que una personita de la que me separan 50 años pueda vibrar en la misma sintonía que yo....

Como es posible que alguien tan pequeño tenga gustos tan de "mayor"... y es que él tenía muchas opciones de villancicos  para elegir, se había visto muchos vídeos de YouTube, cosa que me deja impresionada, claro que es de la generación 100% digital... -ya cuando no levantaba un palmo y no sabía ni leer, pasaba con el dedito las pantallas de la tablet a la velocidad del rayo.-
Bueno pues de todo lo que llegó a sus diminutos oídos le atrajo, como si de un imán se tratara, la sintonía más tribal, la que nos devuelve a los orígenes...

Él me la mostró fascinado y yo me quedé fascinada con ambos, escuchar como la cantaba, con ese sentimiento, notando que los bongos y los tambores se adentraban en él, que no se fijó en razas, sexos, edades o colores, se centró nada más que en lo que esas notas, imágenes y sonidos le transmitían, que de las miles de versiones eligiera una con esa fuerza... sinceramente me conmovió.

Y es que el vibrar en la misma sintonía no tiene edad, uno siente con el corazón pero percibe con el alma y esa, esa esta hecha de trocitos de cielo de otras muchas almas , es atemporal, cálida,y pura.



El "para pa pa...paaa" resuena en mis oídos desde entonces, llenándome de ese espíritu de la navidad sin parafernalias, ese espíritu de ayuda mutua, ese que nos lleva a apoyar al otro y hacer que disfrute de las fiestas lo mejor posible, que nos induce a aportar lo poco o mucho que podamos sin medirlo, ni pregonarlo, unidos en  comunión con los que no lo están pasando bien o con aquellos que de alguna manera nos necesitan, no hace falta irse lejos, puede ser nuestro vecino, nuestro compañero de trabajo, nuestro hermano...o incluso nosotros mismos, que en ocasiones también necesitamos de nuestra propia atención y sonrisa...


En nuestra mano está que los que nos rodean perciban nuestro calor,  reciban nuestra sonrisa y puedan sentir esperanza y fuerza para seguir adelante, recordando que en cualquier lugar está la estrella que conduce a la luz.

Os deseo te todo corazón  que siempre haya una estrella en vuestras vidas y que viváis estos días siendo conscientes de lo afortunados que somos por poco que tengamos.
Ese es, para mi, el auténtico espíritu de la Navidad, ese renacer dejando atrás lo que nos daña, con ilusión, y ese AMOR con mayúsculas que se perpetúan en el tiempo y no acaban con la llegada de los Reyes Magos.


 Se me van los pies y me embarga la emoción, ¿no os pasa a vosotros lo mismo?




lunes, 21 de noviembre de 2016

Disfrutar o atesorar... (con Mary Poppins)

Cuantas veces atesoramos cosas y dinero y nos olvidamos de disfrutarlas...

Nunca me cansaré de ver la película Mary Poppins, es de esas que siempre tienen algo que enseñarte. Me gusta fijar mi atención cada vez en cosas distintas ,y he de decir que me parece que está llena de pequeños detalles con significado.

Hoy zapeando he llegado a ella, ya estaba empezada, más bien casi terminando, justo en la escena de los dos peniques que padre e hijos llevaban al banco, ¿os acordáis?

Me ha llamado poderosamente la atención la cara de sorpresa de los hijos ante la reacción de su padre, cuando en lugar de dejarles utilizar sus dos peniques para comprar comida para las palomas, algo que iba a llenar su corazón, y que para ellos tenía todo el sentido,  les induce a guardarlo en el banco con el fin de atesorar para el futuro, y no digo que haya que derrochar, ni dejar de enseñarles a los niños el valor del dinero que se consigue luchando, digo que todo en su justa medida... los extremismos nunca son buenos...


Expresiones de incredulidad y tristeza. Y es que los hijos necesitan pequeños gestos de amor que les ayuden a conectar su mundo con el de los adultos.

Pensándolo bien,  en muchas ocasiones dotamos de mayor importancia a lo material que a aquello que puede producir una satisfacción emocional, pensamos que el bienestar nos lo produce el poseer, y lo triste es que cuando queremos darnos cuenta de que nos hemos equivocado ya ha pasado lo bonito de ese momento, ya no podemos rebobinar, momento que se va, ya no vuelve.



Que poco edificante es centrarse principalmente  en lo material, las reacciones de las personas que están enfocadas ahí están desprovistas de emociones, es obvio, como se va a estar si se permanece constantemente "...encerrado con montones de dinero frío y triste...", dice Bert, refiriéndose a los banqueros... que frase más inteligente!  aplicable por otra parte a muchos profesionales en distintos campos.

Conversaciones llenas de contenido, de un adulto amigo a unos niños desorientados...

Un padre que vive una situación así siempre necesita que le ayuden un poco...les dice el deshollinador, y estoy de acuerdo, la mayoría de las personas que permanecen más inmersas en ese mundo de materialidad necesitan más apoyo aunque no lo sepan ver, ni lo aparenten, por qué en su fuero interno se sienten muy solos. 

Qué equivocados estamos cuando pensamos que las cosas materiales nos darán la felicidad, nos pueden ofrecer momentos de disfrute, eso es innegable,  pero la felicidad es un estado de bienestar interno, de paz con uno mismo y con el entorno, de aceptación con alegría no con resignación, que no depende de tener sino de ser, no va de cómo estamos sino de cómo nos sentimos ...   


Regalar y acumular momentos, es mucho más gratificante que atesorar peniques, y si la vida nos da píldoras amargas, ya sabéis  con un poco de azúcar, y de magia, se tragan mejor... 







viernes, 8 de abril de 2016

Siempre vigilantes de esos niños...ya grandes


No importa la edad que tengan, los hijos, para cada padre, nunca dejan de ser niños...

Estaba el otro día paseando y me fijé, reconozco que con envidia,  en unos niños que jugaban alegremente, mientras sus padres, a una prudente distancia, les observaban con atención, vigilando sus movimientos, pendientes de que nada pudiera dañarles.

No pude evitar pensar que poco cambia esa circunstancia a través de los años, aunque si bien  es cierto que cuando nuestros hijos son pequeños nosotros actuamos y controlamos (salvo cosas de fuerza mayor), pero cuando crecen eso escapa de nuestras manos.
He de reconocer que a pesar de que mis hijos son ya dos hombres, continuo vigilante, y sigo, ilusamente, como cuando eran pequeños, intentando que nada les cause dolor.
El mero hecho de pensar, aún cuando sólo sean eso pensamientos, que algo pueda perturbarles ya me afecta, a mi, casi más que a ellos...(será que tengo menos fuerzas, o que miro más allá de lo aparente...)

Y es que si difícil es ponerse en el papel de los demás, en el de nuestros hijos resulta casi imposible.
Presuponemos, nos adelantamos, nos alteramos por cosas que para nosotros serían decisivas, y sin embargo para ellos, que lo  viven desde otra perspectiva, la de la juventud, otra época, distinta generación, son irrelevantes.
Cuantas veces se da la circunstancia de que estamos nosotros preocupados por cosas que para ellos carecen de importancia, o de que  ellos pretendan protegernos de ese malestar, tratando de hacernos ver que todo marcha bien... y nosotros escudriñando la mirada, los mensajes, los gestos... que difícil es "engañar" a un padre, hay un sexto sentido que te dice que algo pasa, y ese, aunque tu también disimules, suele estar en lo cierto.

Todos hemos sido hijos, todos hemos vividos situaciones, aunque acordes con los tiempos, parecidas a las que les suceden a los chicos de hoy, y las hemos afrontado con valentía, relativizándolas y siendo conscientes de las posibles alternativas, sin dramatismos, incluso solemos quitar importancia a lo que afecta a los vástagos de los demás, buscando soluciones positivas, mirando la situación más friamente, con más objetividad, pero, cuando se trata de los nuestros...

Que cierto el refrán " consejos doy que para mi no tengo"... Ay, cuando se trata de los nuestros, un pequeño problema, que altere su armonía, ya desequilibra la nuestra...
Y es que no nos damos cuenta, de que nuestros hijos, como los de los demás, dejan de ser niños para ser adultos, y adultos responsables de sus vidas, olvidamos que ya no podemos solucionar sus inquietudes, ni tomar decisiones por ellos, ni curarles sus heridas con un "cura sana", ni hacer que cesen sus lágrimas con un beso...

Y es que todos queremos que sean felices, pero esa felicidad no podemos encontrarla por ellos, hay un interruptor en nuestro interior que nos permite con un simple click cambiar a modo "predisposición para la felicidad", pero cada uno tiene que activar el suyo, y encontrar ese recobeco en el que está escondido, tarea costosa...y, por mucho que nos cueste a los padres, individual...

Ya no podemos evitarles los avatares de su camino, nuestra misión es enseñarles lo que a nosotros, a cada padre, y lo digo usando el neutro que me permite nuestra lengua, la suya, nos parece la mejor manera de enfrentarlos y afrontarlos, para orientarles, no queriendo que lo resuelvan como nosotros lo haríamos, sino aceptando que ellos adoptarán la suya propia y que nosotros estaremos a su lado, no para recriminar, sino para acompañar.

Todo padre,  lo hace lo mejor que sabe, y puede, si, también  lo mejor que quiere, pero esa idea de "no querer" me resulta dolorosa, y voy a dejar de lado a aquellos que no se hacen cargo de sus hijos, no merecen, a mi modo de entender, el calificativo de padres o madres, con progenitores ya tienen suficiente.

Los hijos, para cada cual los suyos,  nunca dejarán de ser niños, pequeños  o grandes, nunca cesarán nuestras ganas de arroparlos, consolarlos, protegerlos, aunque muchas veces ellos no lo entiendan, y les resultemos cansinos ...
Y a pesar de que llega un momento en el que nos parezca, que no nos necesitan , no es cierto, el simple hecho de que sepan que estamos ahí, queriéndolos, sonriendo y preocupándonos sin que se note,  ya es importante, no están solos y lo saben.

Dicen que el amor entre padres e hijos es decreciente, pero yo no estoy de acuerdo, no es que se quiera más o menos, es que se quiere diferente, cuando eres hijo quieres como hijo y cuando eres padre como padre.

El amor, se respira, se inhala y se exhala, se transmite, se palpa, se siente,  no se mide por cantidad de tiempo se mide por calidad del mismo, siembra que algo queda decían nuestros abuelos, y así es, si sembramos amor, que engloba todo ese cariño, atención, y preocupación, nuestros hijos lo cosecharán y sembrarán en su momento.

Y es que ese milagro que hemos hecho realidad, por mucho que madure nunca dejará de ser, para nosotros, padre y madre, un fruto tierno...

Aún escucho sus carcajadas de pequeños, y me emocionan sus risas de adultos, ya que me gustaría haberles transmitido que esa alegría, pese a los sinsabores, no hay que perderla nunca. 

Y nosotros padres, siempre, aunque sea de corazón y pensamiento, e incluso de alma, permaneceremos vigilantes de esos niños...ya grandes.


jueves, 31 de marzo de 2016

No tomarás mi imagen en vano...

Nadie debería de estar en boca de los demás salvo por méritos propios

 Me pongo a escribir este post una vez transcurridas un par de semanas  de lo acontecido, y lo hago así a conciencia, cuando todo puede parecer  más una anécdota, y ya he recobrado la calma y la indignación ha cedido.

Que diríais si os vais a disfrutar de dos días de relax y nada más llegar, cuando te has hecho el propósito de desconexión de redes y correos, recibes un mensaje de un amigo con una simple pregunta:

"hola, has visto esto?" y el link a una noticia de elplural.com.
Miré, más por curiosidad que otra cosa, y porque ese amigo no me manda  nada que no sea digno de reseñar, al fin y al cabo una tiene ese gusanillo de la información.

Mi sorpresa fue mayúscula, no tuve que buscar en el interior de ninguna noticia, allí en portada, allí estaba yo, mi foto en primera plana


¿Familiares de Urdangarin?... como no fuera porque mi apellido acaba en "in", no le veo explicación, bromas aparte, no tiene, o yo así lo sentí, ninguna gracia.

Leída la noticia, en el cuerpo, se hacía referencia a dos tuits que yo había uno publicado y otro citado, hablando de que la sobrina de Urdangarín arremetía contra Manos Limpias y retuiteaba informaciones contra la abogada...

El primer tuit que yo puse, iba directamente relacionado con la comunicación no verbal, con la cantidad de gestos con las manos de la abogada, solidarizándome con su nerviosismo al interrogar a la infanta:


mi intención no era otra que hacer notar que los gestos comunican, Vanitatis lo utilizó para colocarlo de ejemplo de aquellos tuits que la sobrina de Urdangarin, Carlota Gui, retuiteaba, pero en ningún momento utilizó mi imagen para poner cara a esa sobrina, Twitter es abierto y yo soy responsable de lo que digo, y no me importa que se utilice, pero por supuesto bien utilizado...sin manipulaciones

http://www.vanitatis.elconfidencial.com/casas-reales/2016-03-09/los-dardos-de-carlota-gui-sobrina-de-urdangarin-a-la-abogada-de-manos-limpias_1165385/

El Plural también hacía referencia a otro tuit, que ahora me explico, este tuit me lo enviaron con copia, hoy deduzco que tal vez me confundieran... en cualquier caso yo solamente lo cité, ya que sea Manos Limpias, o sea quien sea,  no me parece correcto:

Este fue el tuit que puso El Plural en su muro:


¿Cómo os quedáis?, pues yo me quedé "muerta", ¿como se podía utilizar mi imagen de esa manera?, ¿quien eran ellos para permitirse poner una noticia sin contrastar la información?
por supuesto empezaron a llegar mensajes de gente que me preguntaba si yo era familia de ese señor, si estaba de acuerdo con lo que había hecho, etc, etc, incluso una persona cercana a Casa Real, mandó un mensaje a una de mis hermanas preguntando que hacía yo ahí....

Y eso también me preguntaba yo, que hacía ahí...

Después de unos momentos de desconcierto, el dedicarme al protocolo me sirvió de mucho, estamos tan habituados a momentos de crisis..., pensé que no me podía dejar llevar por los nervios, así no resolvía nada, me puse en contacto con el periódico a través de Twitter, fue la manera más rápida que se me ocurrió:

Me contestaron pronto, y yo, ingenua de mi, pensé que en efecto estaba subsanado el "error"...
pero no era cierto, mi foto seguía ahí, nadie había modificado nada, salvo borrar el tuit, soy educada, y eso les salva, e insistí


con esa chulería me contestaron, lástima que la información hoy es inmediata pero también fácilmente destruible, no os puedo poner el link a la noticia original pero supongo que ya os haréis una idea viendo sus titulares, pero el hecho cierto es que después de todo mi cara seguía apareciendo y así se lo hice notar:


Su contestación llegó tres cuartos de hora más tarde y cargada de falsedad, como podéis ver en las horas de los tuits, no se rectificó hasta que insistí y mis compañeros protocolistas se lo hicieron notar, mandando tuits pidiendo la supresión de mi imagen.
y aquí terminó, ni un tuit de rectificación, ni mensaje de disculpa veraz, ni nada que se le parezca...

Dos horas no son mucho tiempo, aparentemente, pero para la era digital en la que nos movemos hoy, es un mundo, la información se cuela en muchos sitios y yo no tengo por qué estar en boca de nadie.

Yo soy periodista, pero debe de ser que en mis años de facultad no se enseñaba lo mismo, o que el director y/o redactores de ese medio no fueron a clase esos días, ya que a mi me repitieron hasta la saciedad que no se puede, ni debe, manipular la información, que no todo vale para vender más y mejor, que hay que mantener una ética profesional, que los lectores son sagrados y no se les puede engañar.

Por otra parte, ¿quienes son ellos para utilizar mi imagen así, sin razón alguna?, ¿han pensado que repercusiones tiene para mi persona?, además independientemente de que yo esté o no  de acuerdo con las prácticas atribuidas, supuestamente, al Sr. Urdangarin, que no lo estoy en absoluto, atribuyéndome esa información han mentido, men-ti-do, y eso es intolerable.

Me han faltado al respeto, a mi , a sus lectores, a la profesión y al medio...y eso desgraciadamente es práctica habitual en muchos  ámbitos...

No tiene ningún derecho por eso lo pregono a los cuatro vientos y ya veremos a ver...

Ese periódico para mi ha perdido toda credibilidad, no informa, desinforma muy triste calificativo para un medio público de  comunicación...

No, señores, no, con mi nombre, ni mi imagen no se juega...


jueves, 17 de marzo de 2016

El placer de protestar...

Si analizáramos con objetividad aquello por lo que protestamos, nos daríamos cuenta de que en muchas ocasiones carece de sentido...

Esta mañana he leído algo que me ha hecho reflexionar muy seriamente.
Trataba sobre como es la percepción de los errores ajenos y los propios, que diferente vara de medir usamos, en los de los demás tendemos a responsabilizarlos de lo sucedido y a echar pestes al viento, y sin embargo cuando se trata de los nuestros nos exculpamos.

Y es que cuando protestamos nos sentimos más a gusto, nos liberamos de rabia interna, soltamos presiones, aún a sabiendas de que no va a servir para nada...

Es un justo derecho al pataleo...

Cuando estamos en nuestro trabajo y alguien nos llama la atención por retrasarnos en seguida buscamos y encontramos una justificación a nuestra actitud, pero si es a otro a quien le sucede o con quién nos sucede, no se nos ocurre buscar explicación, directamente  le achacamos una falta de responsabilidad, que por supuesto, jamás aplicaríamos a nosotros mismos.
Es más cómodo protestar por no ser bien atendidos, que detenernos a buscar que motivos han podido llevar al otro para actuar así, siempre los hay, aunque vengan de muy atrás...

Hablo de cosas cotidiana, de esas que nos enojan todos los días, y por las que, para nuestra dicha, encontramos un motivo para la protesta activa.
Otra cosa diferente son esas situaciones que no tienen una fácil "justificación", en las que el daño es tan grande que resulta prácticamente imposible no oponerse, y ante las que yo recomendaría, y me recomiendo, aplicar la compasión, sin querer ser prepotentes, pero sintiendo pena por ellos, conscientes de que es una gran tristeza que haya gente con tan poca consciencia, y, en muchas ocasiones, ni conciencia.
Pero ese un tema para otro post y otro momento...

Dice el texto de "La Gran Vía":
«Si un conductor se salta  las normas de circulación, es negligente; si lo hacemos nosotros, es porque había una urgencia, o un motivo para hacerlo, que si un individuo profiere insultos, es irrespetuoso; si lo hacemos nosotros, es porque estamos enfadados, o porque el otro lo merece.
Si alguien no cumple su palabra, es desleal; si lo hacemos nosotros, es por causas mayores…
Excusamos nuestras faltas, que entendemos obedecen a circunstancias ajenas a nuestro control, pero exigimos que otros acepten responsabilidad plena por las suyas, e incluso les imputamos “premeditación y alevosía"»
No puedo estar más de acuerdo.

Cuantas veces tenemos, por ejemplo, que acudir a una cita que nos incomoda, de la que hemos deseado evadirnos,  y si por cualquier motivo se anula, al instante se nos va de la cabeza nuestro deseo y en lugar de alegrarnos por no tener que acudir y reflejarlo así, arremetemos contra quien nos ha " hecho una faena", y lo tildamos de todo , cuando en realidad lo que nos ha hecho ha sido un favor.

Pero el caso es protestar, nos libera, no nos detenemos a analizar, protestamos...

A veces pienso, que tenemos un cierto toque de masoquismo en nuestra actitud, declarar nuestra alegría  y "gritarla" a los cuatro vientos, nos da pudor, decimos que estamos desvelando intimidad...
ay pero cuando se trata de algo que nos incomoda, la cosa da un giro total, entonces sí necesitamos que los demás corroboren nuestro malestar, que nos compadezcan, que nos apoyen, entonces si que vociferamos nuestro enfado, no nos damos cuenta de que eso retroalimenta la rabia y que si bien, momentaneamente, podría parecer que nos ayuda a sacar el malestar interno, en muchas ocasiones consigue que lo mantengamos anclado en nuestra mente por una larga temporada.
Gastamos energías en la protesta en lugar de emplearlas en buscar las soluciones que suavicen, o aún mejor disuelvan nuestro enfado.

Cuanto más sanador es darle la vuelta a aquello que nos ha fastidiado y encontrar lo que de positivo nos ha aportado o que nos reportará en un futuro, todo lo tiene...

Protestar para reivindicar, pero protestar en su justa medida, y siempre que no nos incapacite...


Somos prisioneros de la intolerancia, de la impaciencia, de la falta de empatía...y de eso, de eso si que tenemos que liberarnos...

miércoles, 9 de diciembre de 2015

Una Navidad sabrosa

Lo sabroso de la Navidad está en lo que sentimos no en lo que compramos...

Es increíble, me siento bombardeada por los tópicos, mal entendidos, a mi modo de ver,  de la Navidad.
Acabo de oír en las noticias que podremos pasar unas navidades más sabrosas porque se comerá marisco....
Ufff me ha dado un vuelco el estomago...

¿Marisco?, ¿es que el pollo, el cordero, el cardo, la ensalada o las croquetas no son sabrosas? 

Me parece hasta ofensivo poder pensar así... Reducir este tiempo al consumismo, y máxime cuando hay tanta gente que lo está pasando mal, pues no señores, no, la Navidad no depende de lo que comamos, depende de lo que sintamos.
El espíritu de la Navidad está en nosotros, no en la parafernalia que la rodea.

Nos hemos acostumbrado a considerar que algo va bien, dependiendo de nuestra capacidad de gasto...
Por supuesto que sí tenemos dinero puede ser que nuestra celebración sea más copiosa, pero en ningún caso ni más sabrosa, ni mejor.

Hay emociones, que trae consigo la Navidad, que están por encima de lo que poseemos o podamos poseer. 

El disfrutar en familia, cuando tal vez, como es mi caso no se puede hacer todo el año, celebrar que se está juntos, que los hijos crecen, y nosotros envejecemos, que la familia aumenta, que nos recordamos, que sonreimos pensando en los otros, que agradecemos, lo vivido y lo que queda por vivir, que seguimos teniendo sueños....
 
Esas emociones, muchas,  que a pesar de añorar agradecen. 
Esas complicidades que tienen sabor a infancia, que reunen a los ausentes y los presentes. 
Ese lapsus en el tiempo que deja de lado, por unos días, los problemas cotidianos. 
Ese sentir que  minimiza rencillas, que ensalza cariños.

Mi turrón, como el de otros muchos, vuelve a casa, y este año con una preciosa almendra añadida, y yo quiero saborearlo,  y mis navidades serán, sin duda, mucho más sabrosas, porque mis dulces navideños estarán conmigo, todos juntos, pero la sustancia la pondrán sus besos, sus risas, sus guiños, no los platos que podamos poner en la mesa, o el cava, champagne, sidra o cerveza con que brindemos.

La Navidad, es cierto que debiera durar los doce meses del año pero no está de más que intensifiquemos sus efectos en una época determinada. 

La Navidad es amor, no tiene etiquetas, simplemente se disfruta y si pudiéramos echar algunos de sus polvitos mágicos sobre aquellos que bien por dolor, escepticismo, o desilusión, no la sienten hagámoslo, expandamos este espíritu de comprensión , tolerancia, amor y paz que trae consigo esta época del año.

No importa lo que tengamos , importa lo que somos y a quién tenemos, de una forma u otra,  a nuestro lado.

El espíritu de la Navidad verdadera, está en mi, y en ti, vivámosla como tal, en este mes y en los otros once restantes.


domingo, 15 de noviembre de 2015

Viendo pasar... los sufrimientos ajenos...

El que no sufre, y no le duele... tampoco disfruta....

Estos días me tienen conmocionada ya no los atentados de París, que son terribles, y difícilmente comprensibles, sino también las reacciones de algunas personas en las Redes Sociales. 

Siento mucha rabia, mucho dolor, mucha impotencia, muchísima tristeza, pero también,  una total compasión por aquellos que realizaron estos actos, hay que estar muy enajenado para ser capaz de quitar la vida a otros y mucho más a coste de tu propia vida. 

Me pregunto qué vacío interno tienen que sentir aquellos que se abandonan, de esa manera tan absoluta, a alguien, para que maneje sus vidas. 

Que comportamiento tan delirante el de aquellos que enarbolando la bandera de la fe, creen en Dioses o profetas capaces de inducir a la muerte y a la justificación del asesinato propio y de extraños.

Lo lamento por aquellos que profesando las mismas creencias las ven machacadas por intepretaciones maquiavélicas y enrevesadas, muy alejadas de la paz, comprensión, y amor que toda religión propugna y además se encuentran, en muchas ocasiones rechazados por ser juzgados por el mismo rasero, no, no todos son iguales.

Que espanto que existan personas que no dudan en causar dolor y sufrimiento,  e incluso lo sientan como digno tributo por vivir de una manera que ellos, arbitrariamente, consideran incomprensible.

Este comportamiento me duele, me duele mucho. aunque  entiendo, o me siento mejor pensando, que son exaltados, enajenados, locos y asesinos a los que les han lavado el cerebro, deshumanizándolos, para que actúen como máquinas. 

Lo que me resulta hoy muy difícil es ponerme en los zapatos de quienes, ordenan, bromean, justifican o simplemente pasan de estos hechos absolutamente  deleznables.



Aquellos que ordenan ejecutar estas atrocidades sin mancharse las manos sí que no tienen justificación, que permanecen en la sombra y el incógnito conduciendo a quienes creen en ellos, desde la comodidad de sus casas, a que arruinen la vida de otros además de la suya propia, para castigar a quienes no piensan como ellos.
Eso es reprensión, una falta de respeto absoluta... es provocar vivir con miedo, un ataque contra la libertad, que ciertamente, hay quien piensa que solo unos pocos pueden disfrutar...

Ponerme en la piel de aquellos que sienten todo esto como si no fuera con ellos, de los que necesitan que la sangre toque su ombligo para apiadarse, de los que ven la vida pasar sin estremecerse, simplemente contemplan y se permiten juzgar excátedra, de los que no se sienten uno con el resto del mundo, de los que piensan que esto les toca de lejos... es un ejercicio de empatía que no consigo resolver...

Es increíble lo  fácil que es para algunos, algo que para mí resulta imposible, sentarse en el centro del asfalto y ver pasar, sin inmutarse, los sufrimientos ajenos...

No se puede pagar con la misma moneda, hay que encontrar la manera de recuperar la cordura y acabar con este reguero constante y mundial de dolor.
El terrorismo es una lacra, una lacra que nos afecta s todos.

Doy gracias porque yo sí vibro ante el dolor, y me embarga la emoción cuando alguien  sacude de esta manera tan irracional al mundo.

Me siento víctima y verdugo, me pregunto de qué manera habré contribuido yo a esta locura que estamos viviendo...



miércoles, 7 de octubre de 2015

Oír no es escuchar...


Para comprender no sólo hay que oír, hay que escuchar...

Una de los "ejercicios" que más me han fascinado siempre es el de escuchar. 

Suelo sentarme el el jardín, cerrar los ojos y centrarme en escuchar todos los sonidos a mi alrededor, los distintos pájaros, el viento moviendo las hojas de los árboles, un balón rebotando, los motores de los coches, las risas de los niños, los ladridos de los perros, el agua al salir por los aspersores, el crujir de mi hamaca, mi respiración pausada...  hay tantos que nos pasan desapercibidos... Y es que la mayoría de las veces solamente oímos, no escuchamos. 
Es increíble lo que se aprende observando y ejercitando una escucha libre de prejuicios, y llena de respeto, al menos eso intento, no siempre con éxito, sería pretencioso e incierto afirmar lo contrario. 

En este mundo de locos, en el que vivimos, que va a tanta velocidad, donde detenerse es un lujo, ceder nuestra atención en beneficio de otro es, muchas veces, un acto también costoso.

Siempre he considerado que no somos del todo conscientes ni de cómo actuamos, ni de cómo reaccionamos.

En muchas ocasiones, es tanta nuestra rabia, nuestro enfado con el momento que nos toca vivir, que necesitamos verbalizarla continuamente, repitiendo las sensaciones negativas que tenemos una y otra vez, es verdad que a veces puede resultar cansino si el que lo oye no está en atención de escucha, o si tiene tanta necesidad de expresar sus propias inquietudes o miedos que los ajenos le resultan repetitivos, no es que no le importen es que antepone su yo, cosa a mi modo muy normal si uno tiene la mente inquieta, al de los demás, igual que sucede con el parlante, que olvida a quien tiene enfrente ocupándose, solamente, de exponer sus desasosiegos...

Cuando nos sentimos presionados por las contrariedades de la vida, basta una pequeña chispa para que nuestra mente explote, y explosione lanzando fragmentos de frustración, inseguridad, rabia, dolor,  a diestro y siniestro, esquirlas que, sin pretenderlo en ocasiones,  pueden dañar a otros, mientras que a nosotros nos producen breves momentos de auto afirmación, y de ego, al considerarnos poseedores de la verdad.

No hay verdad más absoluta que reconocer que la verdad no es absoluta...

Todos nos encontramos, en ocasiones, en ambas situaciones, resultándonos así, muy difícil entendernos a nosotros mismos y mucho más comprender a los demás. 

Es increíble lo mucho que queremos a nuestros amigos, familia y personas más cercanas y lo que nos cuesta aceptarlos como son, yo entono el mea culpa;   Cuantas veces, de una manera automática, enjuicio dejándome llevar, a veces, por la defensa de lo que subjetivamente consideró más lo necesita, sin reparar en que ambas partes, tienen o tenemos, seguro, motivos, y razones, conscientes o inconscientes, o que me he empecinado en algo que en modo alguno justifica la tensión o el enfado.

Una escucha activa enseña mucho, nos lleva a reflexionar, a ceder espacio, a empatizar, a comprender...

Somos seres distintos, plenos, cada uno con su realidad y su irrealidad, y en su momento del camino, no queramos llevar a nadie a nuestro terreno, ni lo exijamos, tal vez no sea el suyo... Aprender, aprendemos más en las diferencias que nos hacen reflexionar y tal vez cambiar...

No nos vaya a pasar como al mono que por creer que ayudaba al pez, o por realizarse a sí mismo, acabó con el... 

 Yo voy a intentar no sólo oír, sino escuchar, ¿os unís?

PD: a quienes que no se hayan sentido escuchados por mi parte pedirles disculpas y decirles que les quiero.


(Cuento ZEN, imagen Google)

lunes, 20 de julio de 2015

¡Ojalá llegue el sustanciero!


 Aquel que tiene sentido común aporta la sustancia más nutritiva allá donde colabora...

Estos días han llegado a mis manos varios artículos sobre un curioso oficio del pasado, el oficio de "sustanciero", ¿que que hacia ese pintoresco personaje?

" el sustancuiero era un personaje que, provisto de un hueso de jamón,  iba por las casas introduciéndolo en las ollas para darles sustancia o sabor."

Después de leerlo, no he podido dejar de pensar en la falta que nos harían ahora sustancieros que fueran por partidos políticos, organizaciones, e incluso familias, a poner un toque de sustancia, sólo que ahora, sustituiríamos el hueso de jamón por algo, que visto lo visto no todos conocen, llamado "sentido común"... 
Claro que... no podríamos hacer como antaño, pagarles por tiempo y mucho menos de ante mano, demasiado riesgo según a quién encargáramos el desembolso...

Andamos todos desbocados, otorgando primacía a cosas que no la tienen, creyendo en sueños que "sustancieros de pacotilla" nos venden  y que cuando metes en la olla no tienen fundamento....

Estamos perdiendo los valores, el sentido de la justicia, de la equidad, la ética, nos dividimos en buenos y malos como si eso nos diera una valía superior, actuamos por impulsos satisfaciendo deseos. Buscamos todo aquello que nos resulte más cómodo, sin detenernos a pensar a quién beneficia o que perjuicios puede reportar al otro...

Hemos sustituido el sentido común por un común sentido, el egoísmo...

Es curioso cómo somos capaces de cambiar el significado de los términos a conveniencia, el "bien común" lo hemos individualizado, en algunos casos, sustituido por el bien del partido o grupo de pertenencia, y en muchos, por el bien propio.  
Con la excusa de que algo es beneficioso para la comunidad se crean puestos, concursos, eventos, normas, etc. que cubren las necesidades y deseos propios, "del corrillo", pero... ¿alguien pregunta al resto?, ¿alguien se pone de verdad en el pellejo del otro?, ¿alguien piensa en lo que va a reportar a la comunidad en su totalidad?, me temo que en la mayoría de las ocasiones la respuesta es NO...
y cuando la piedra económica, tras tantos desmanes, aprieta el zapato, entonces sí, aquí estamos todo el resto para responder, incluso con lo que no tenemos...

Ya no "nos gusta esto" sino "me gusta", ya no "queremos"sino "quiero", eso sí, a la hora de hablar en voz alta,  pensamos y repetimos lo que uno desea, aquel que aprovechándose de la desesperanza, colorea el futuro y nos conduce por un camino de quimeras, y nosotros ávidos de ilusiones no nos damos cuenta de que son pinturas delebles, de esas que la lluvia emborrona hasta desaparecer....

Necesitamos sustancieros que nos aporten realidades, cualquier color es bienvenido si son de verdad, no tengan miedo no nos asustamos, lo que no queremos es que nos engañen, que vengan cargados de sentido común,  que valoren el trabajo de los demás aunque no sea de su propio grupo, que den ejemplo con su propio hacer, que no tengan de que avergonzarse, ni esconderse, que construyan pensando en todos, que no denosten continuamente el trabajo de los que discrepan, que aunen esfuerzos, que estén abiertos a un flujo constante de comunicación, que tengan una escucha activa, que no se mantengan encerrados en su urna, que sean un todo formando un gran equipo.

Nos hace falta un sustanciero que visite nuestros hogares que vuelva a poner coherencia, que coloque a los padres en su lugar de padres y enseñe a los hijos que también tienen responsabilidades, que vacíe la olla del miedo a traumatizar, de permisividad sin sentido, de chantajes emocionales, de culpabilidades inciertas y la llene de comprensión, escucha, respeto y amor.

Ojalá llegue un sustanciero que con ese sentido común llene nuestras ollas, de caldo sano, cargado de ilusión para seguir avanzando en convivencia pacífica y construcción positiva.




Más información sobre el oficio de sustanciero