Mostrando entradas con la etiqueta Camino. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Camino. Mostrar todas las entradas

lunes, 11 de septiembre de 2017

Recriminarse a uno mismo

A veces pensamos que está en nuestra mano solucionar lo que en verdad no depende de nosotros...

«No seas tan dura contigo misma» me dijo un querido amigo el otro día, y pensándolo bien tenía razón estaba juzgándome muy duramente.

Me sentía triste, me siento triste... me he dado cuenta de que me he pasado la vida intentando acercar posturas de unos y de otros,  desgastándome  yo para, al final, no conseguir nada...
Y es que no podemos solucionar la vida de los demás, cada uno toma sus propias decisiones movido por sus propias percepciones y por más que nos empeñemos no conseguiremos que coincidan con nuestros deseos, ni enfoques, algo que además de altamente improbable, sería poco saludable ya que no son nosotros...
y a pesar de que nuestros movimientos sean en pos de su felicidad tampoco es seguro, lo que a uno le produce satisfacción y felicidad no tiene porqué producirlo a otro, y en consecuencia lo que uno cree que es bueno para otro queda en interrogante que en verdad lo sea.

A veces intentamos pintar las cosas de manera que resulten más gratas a la vista de las personas que queremos y nos importan, para allanar caminos, acercar posturas y facilitar relaciones, y tal vez consigamos que superficialmente todo funcione, pero de una manera ficticia ya que el otro, generalmente, en su interior no cambia de idea, en algunas ocasiones, lo único que si hace es, pensando en ti a su vez,  regalarte lo que tu quieres recibir....y en otras ni siquiera se da cuenta de que la historia va con él... 

Un laberinto de idas y venidas...

Y tú sin ser consciente de que estás en ese laberinto, te tranquilizas a ti misma con una palmadita en tu espalda pensando que has conseguido algo, que tus esfuerzos han dado fruto...y te quedas en ese mundo que has creado, a tu medida, pero que no es real...
Y cuando ves que nada se soluciona , que la incomprensión permanece, que se malinterpretan tus intenciones, te preguntas el para qué de tanta lucha, incluso de tantas lágrimas, y te sientes impotente e inútil, y te cuestionas a ti misma juzgándote con rabia...

Y cuando consigues respirar profundamente, asomarte al balcón y mirar con distancia,  te das cuenta de que no puede uno culparse hoy por algo que hizo ayer, y cuyas consecuencias desconocía...y máxime cuando lo único que pretendía era construir en positivo...
que las decisiones de los demás son sus decisiones y por ello merecen un respeto, que cada uno se pone en su propio sitio y que hay muchas situaciones que no está en tu mano solucionar.

«El futuro sólo se adivina cuando uno llega al presente» 

Lo cierto es que cuando se está tranquilo con uno mismo, se ha de dejar fluir la vida, la propia y la de los demás y que cada una transcurra por el cauce que deba de hacerlo... 

Con intentar encauzar nuestro propio camino ya tenemos bastante, y no somos quienes para decidir lo que debe sentir o dejar de sentir nadie por mucho que le queramos.

El pasado no construye futuro muy al contrario, en ocasiones, lo que puede es paralizar el presente.

De mis hechos pasados solo puedo decir que actué de corazón y en consecuencia no me culpo ni me recrimino, lo creí y por ello lo hice, así sin más,  bueno añadiría que  siempre con amor... o eso intenté...

Hoy, he aprendido, dejo fluir... y que la vida haga camino.

(Del futuro no me olvido ya que el futuro siempre será hoy solo que seguramente en ese "hoy" habré crecido, en todos los sentidos, o eso espero algo más).




lunes, 13 de febrero de 2017

La edad de la «fragilidad»

Por muy maduros y mayores que seamos siempre hay momentos en los que volvemos a sentirnos como niños...

Cuando llega mi cumpleaños es de los pocos momentos en los que me doy cuenta de que me voy haciendo mayor...
Y es que en el día a día mi cuerpo, mis arrugas y mis respiraciones van por camino distinto que mi mente, a veces me pregunto si esa mujer que se fatiga hasta al llevar las bolsas del supermercado soy yo.
He de reconocer que me ha costado mucho aceptar mil limitaciones, tener que parar al subir una escalera, o al andar por el campo, el que acarrear una maleta, o tomar pesos sea un mundo, que la humedad me afecte y donde mejor esté sea a cubierto supone  para mí una cura de humildad diaria, no puedo con todo y no consigo hacer lo que hacía antes, pero de momento tengo fuerzas, alegría, ilusiones y reservas para seguir adelante y solventar todo sin problemas, tengo, o al menos eso quiero, mucha vida por vivir,  si todo esto me pasa cuando todavía podríamos decir que estoy a las puertas de la tercera edad, ¿qué pasará mas adelante?... ¿y cuando llegue a la edad de la «fragilidad»?...

A pesar de que soy de las personas que opinan que hay que vivir el hoy, ya que el mañana es incierto, no he podido evitar  reflexionar sobre como me gustaría sentirme y sentir alcanzada esa etapa...

Cuando llegue a la edad de la «fragilidad», a ese momento en el que la vida se vuelve bucle, en el que uno se siente más inseguro, más necesitado de demostraciones de afecto, me gustaría sentir la presencia de mis hijos, de las personas a las que quiero, nunca dudaría de su cariño, pero creo que si desearía que me prestaran un poquito de atención especial, que supieran leer en el silencio, aunque no diga nada, aunque el pundonor, el orgullo, o la vergüenza, me impidieran reconocerlo.
Desearía sentir su presencia aún en la distancia, saberme de alguna manera «importante» en sus vidas, que nuestras risas juntos siguieran siendo las de esa jovencita con sus hijos revoltosos y maravillosos.

Me gustaría aceptar sin juzgar...

Que mi opinión en las tertulias con los amigos siga siendo escuchada y discutida aunque sea por WhatsApp, me gustaría seguir siendo contestataria e indómita, seguir estando al día de lo que sucede en el mundo, para poder comentar con los más jóvenes y contrastar puntos de vista y poder seguir aprendiendo.

Creo que necesitaré saberme protegida, respetada por el mundo que me rodea, en el autobús, el supermercado, el banco o en el médico. Que me traten con consideración no como un trasto ya arrinconado, en el desván de lo anticuado y pasado de moda.

Veo tantas personas solas, tristes, y relegadas... tantas personas que mendigan sonrisas...

Admiro a las personas que como mi madre son independientes, valientes y están prestas a apoyar al que lo necesite. Me gustaría, como ellas, no sentir pereza ni utilizar mi edad como una excusa sino como un aliciente para aportar.

Pienso que me agradaría sentir que entienden la impaciencia, que seguro tendré, mis impertinencias, y mi rebeldía que también seguro conservaré, mis miedos, e incluso mi egoísmo..., las personas «frágiles» a veces son más exigentes, tantos inviernos vividos, les llevan a sentir frío, y a temerlo, de ahí su necesidad de protegerse incluso antes de tiempo...

Intentaré seguir siendo coqueta, sintiéndome mujer a pesar de mis canas, mis arrugas, mis kilos, mis pies hinchados, mi andar más inseguro o mi cintura perdida.

Desearía seguir teniendo a ese alguien con quien compartir mis miedos, mis sueños, mis pasión por la fotografía, mis caprichos, mis locuras. Esa persona a quien seguir amando por nada y por todo.

Quisiera sentirme agradecida a la vida por tantos momentos mágicos, a pesar de la dureza, o los sinsabores...seguir contando historias, y que mis letras continuaran interpretando mi pasión por vivir.

Buscaré como seguir ilusionada cada día, como amarme con mis imperfecciones,  y sobre todo nunca dejar de sentirme orgullosa de mi misma, al fin y al cabo para llegar a la edad de la «fragilidad» hace falta recorrer un largo camino, lleno de obstáculos, de risas pero también de lágrimas, y si llego significará que lo habré recorrido con éxito.


Cuando llegue a la edad de la «fragilidad» me gustaría seguir siendo esa "muchachita" positiva y alegre que hoy, al menos en mi mente, me siento.


miércoles, 27 de enero de 2016

¿Duele el alma?


El alma no duele, duelen los pensamientos, duele la vida...

Cada vez que perdemos a alguien a quien nos sentimos íntimamente unidos,  ya sea porque nos deja, se rompe, o emprende el viaje infinito, nos quedamos aquí, en esta tierra física que habitamos, con una pena y una tristeza acongojante,  una angustia de esas que te impiden el habla, que no te permiten comer, apenas sonreír, que te llevan más bien a vagar que andar por este mundo terreno.

"Me duele el alma" decimos, pero, ¿duele el alma o duele esta mente terrenal, este pensamiento humano?...

Utilizamos "me duele el alma" cuando lo que nos afectan son malestares emocionales, de esos que te provocan lágrimas, a veces nauseas, tristeza y mucha pena.
Cuando no entendemos, cuando nos reconocemos impotentes, cuando tenemos miedo, cuando nos han dañado, cuando hay conversaciones inconclusas, y palabras no dichas y abrazos no dados, cuando nos arrepentimos de lo pensado y nos sentimos incapaces de rebobinar una historia que nos gustaría fuera diferente...
pero la historia no se rebobina, no tiene marcha atrás y es ahí frente a ese certeza, al tomar consciencia de que la vida sigue y nosotros con ella, cuando nos embarga esa sensación de angustia.

Nos duele cuando nos sentimos pequeños, indefensos, incomprendidos, hasta culpables, ¿culpables?, no existen culpabilidades, existen situaciones, estados anímicos, momentos, que nos llevan a reaccionar y actuar de determinadas maneras y luego cuando lo miramos con perspectiva, al ser tiempo pasado, nos damos cuenta de cuan equivocados o acertados estábamos.
Si dimos, lo que en ese momento, ya sea mucho o poco, pudimos, no hay que lamentarse... si fue mucho, agradecer por tener la capacidad de dar, si poco, agradecer por lo aprendido.

El alma no duele, danza por el infinito, el alma pertenece, fundiéndose en un todo,  a un gran vergel donde están todas las almas, las que viven en este mundo, y las que ya se han instalado en la eternidad .

Mientras alguien vive con el disfraz de humano, el binomio físico-espíritu convive con él, haciendo casi imposible que la atención se centro en otra cosa que no sea el personaje que habita su alma. 

Sentir a aquellos que se fueron, resulta difícil, si siempre pensamos como seres humanos y no espirituales.
Pero las almas nos impregnan, nos llenan...

Nuestro ser espiritual está alimentado, inconscientemente, por aquellos que viven en nosotros, yo me imagino a las almas sonriendo, colmándonos de fuerza y energía, alentándonos a seguir y ser felices, guiñándonos el ojo, llevándose los miedos...

Dicen que somos energía, yo así lo pienso, y la energía no desaparece, se transforma permaneciendo en el infinito.

Nuestro paso por este mundo es una mera parada en nuestro viaje, una etapa alucinante con duración finita.
Las almas son flores de un jardín, con el que estamos en intima y profunda comunión, flores con múltiples nombres, cada uno ponga el suyo, sin etiquetas, sin dueño

El alma no sabe de dolor, ni de gozo, el alma ilumina, el alma, tú alma, su alma, las almas, se funden en un todo inseparable con la mía, inundándonos de AMOR, de ese AMOR sin restricciones, de ese AMOR de aquí a la eternidad.

Energía de luz pura! 

(O eso, al menos, quiero creer yo, a quien ha dolido el alma bastante más de una vez...)


lunes, 23 de noviembre de 2015

El camino perfecto


Quien  piense que solamente hay un camino...se perderá...

Cuantos  de nosotros nos hemos preguntado, alguna vez, ¿será este el camino que tengo que tomar?, parece mentira que una "simple" pregunta traiga consigo, andar de cabeza, por no hablar de noches sin dormir, malestar de estómago, dolores de cabeza, incapacidad de centrarse...

Todos, por múltiples motivos, personales o profesionales, nos podemos encontrar ante esa disyuntiva, ya sea porque el trabajo falla y prescinden de nosotros, o no valoran en su justa medida nuestro esfuerzo, o devalúan la importancia de aquello a lo que nos dedicamos, o sufrimos cansancio, o tenemos desgaste emocional, la cuestión es que sentimos que necesitamos un cambio, un giro en nuestra vida que nos devuelva la ilusión.



Yo me he hecho en varias ocasiones esa pregunta, y no sólo eso, sino que además he alimentado mis dudas contemplando muchas y diversas opciones.
Las apropiadas, las tentadoras, las deseadas, las utópicas...
Elegir es renunciar, pero renunciar con el convencimiento de que lo que tomamos es más beneficioso para nosotros que lo que dejamos.
Es difícil decidir, todos queremos acertar...





Y es cuando uno se siente encajonado, cuando no es capaz de ver la belleza en el recorrido, aunque la tenga, cuando no se vislumbra el final, y se está cansado, cuando las ilusiones se han quedado abandonadas en las veredas, cuando uno no se siente capaz de tirar ni de su propio carro, cuando, tal vez, sea un buen momento para decidirse a buscar una nueva senda.



Y ¿cuál es la mejor decisión?, y ¿cuál es el mejor momento para tomarla?, pues yo solamente puedo compartir con vosotros lo que me digo, y me he dicho, a mí misma, la mejor decisión es aquella que en el momento en el que te la planteas te hace sentir feliz, seguramente temeroso, todo cambió asusta, pero si, tras valorar pros y contras, te sientes ilusionado ,  vete a por ella, ese camino te llevará a crecer con toda seguridad, cuan largo será, no lo sé, pero que merecerá la pena...seguro.

¿Cuando? El momento idóneo para emprender un nuevo camino es cuando te decides a hacerlo, ese instante de toma de decisión, ese instante  en el que se prende la mecha, ese es el mejor momento, ni antes,ni después...



Incluso, nos encontramos con algunos caminos que tienen sendas paralelas apetecibles de transitar, quizás algo inestables , para la mayoría , pero que a uno le pueden ofrecer esa confianza en sí mismo de la que en en ese preciso momento carece. 
Pues si de corazón lo sientes que más da agárrate a la pasarela y adelante.
Yo me quedo con que de todo se puede sacar una lectura positiva, así que ¿porqué no?
No olvidemos que andando construimos camino....


Lo que tengo claro es que el camino de cada uno de nosotros, o mejor dicho los caminos que tomamos a lo largo de nuestra vida son propios y exclusivos de cada cual, aunque el tuyo y el de otro resulten parecidos difieren en muchas cosas, entre ellas en las piedras que lo adornan y los árboles que los mecen. 
Y si tenemos la fortuna de que ese camino que elegimos tenga  otro que discurre paralelo pues... Un placer más a compartir...


No existe un solo camino perfecto, ni siquiera me atrevería a decir que exista. a priori, el camino perfecto,  pero si existen almas que tienen magia en sus pisadas y convierten todo aquello que recorren en absolutamente perfecto, porque ven la belleza y la perfección hasta en el más grande escollo.



Lo que sí es cierto es que en todo camino hay una luz que nos conduce hacia la mejor salida para nuestra vida, aunque atravesarlo sea, en ocasiones, arduo y doloroso. 
Yo lo he vivido, he tomado opciones, he disfrutado de caminos distintos, he vivido incertidumbres,  y me encanta la senda que sigo ahora, pero, si en algún momento, la vida, que es más sabia que yo, me envía señales y me insta a tener que cambiarla pues lo haré con la seguridad de que me esperarán recovecos sorprendentes...


El camino perfecto es tu camino, el suyo, el mío, es ese camino que hemos elegido en el momento presente, ese camino que tiene tus tropiezos, los suyos, los míos, ese camino que ilumina tu sonrisa, la suya, la mía, ese camino que nos permite sentirnos felices y ser nosotros mismos.  
Lo que le da la perfección a nuestro camino son las huellas de amor de nuestras pisadas y la ilusión al recorrerlo...Hasta llegar a casa... 




sábado, 31 de octubre de 2015

En el otoño... De la vida

En el otoño, así como en la vida, la belleza se ve enriquecida por la variedad de colores...

Una de las estaciones que más me gusta, como creo que habréis notado, es la del otoño. 
Brilla el sol y aunque ya no abrase, si calienta lo suficiente para que resulte agradable.
Ilumina y te roza con más delicadeza, mimándote suavemente, como un bien precioso,
tal y como pasa con las caricias de la madurez.
Las hojas, yo diría que se visten de gala, mostrándonos toda su riqueza de colores,
avisándonos, mientras se tiñen de distintas tonalidades, que lo mejor está por venir.




Estoy cansada de escuchar a gente decir que no quiere cumplir años, incluso a quien deja de celebrar ese día especial, añadiendo que desearía volver a la "juventud" para revivir experiencias, sin darse cuenta de que, mientras están lamentándose por ello, se privan de vivir lo que está sucediendo en el momento presente, en el aquí y el ahora.

Quien diga que a una determinada edad se deja de sentir está totalmente equivocado, tal vez los instintos tengan más de humano que de animal, son menos irracionales, pero no menos pasionales ni apasionados, las emociones siguen estando a flor de piel, aunque con los años vamos aprendiendo a  disimularlas y a controlarlas mejor, por prudencia, por resultar tan intensas que se conservan celosamente, para uno, para dos, por miedo a pinchar el sueño, si es algo nuevo, o a deshacer el hechizo si perdura en el tiempo.
Eso, a mi modo de ver, lejos de ser negativo es todo lo contrario, y es que uno toma conciencia de que cada caricia, cada beso, cada roce, son un regalo.
Se desea sin miedo, sin temor a perder, como si el saber que en el momento menos pensado té puedes caer del árbol, te condujera a una contínua adoración de la rama en la que te sostienes,  con la seguridad de que quien quiere mecerse a tu lado lo hace con convencimiento, sin necesidad de aparentar o disimular, bien sea para una estación , para dos o para el resto de la vida...

Se aprende que, como pasa con el otoño, la belleza no está solamente en la explosión de la primavera, que cada persona posee, como cada hoja, una hermosura única y más apreciable cuando toma su color diferenciador, el verde es bonito, pero apenas difiere en sus matices, sin embargo los ocres, rojos, granates y naranjas nos muestran lo que realmente esconde cada hoja.

Son, como nosotros,  mágicos, únicos, sorprendentes...



Conservan viveza, se siguen meciendo con el viento y aunque tengan muescas, roturas o daños, que las ennegrezcan, siguen siendo hermosas.

Pasa el tiempo y con los años, muchos de nosotros, nos volvemos más temeroso, conformándonos con lo vivido, y protegiéndonos, manteniendo siempre presente aquello que por vivencias o creencia nos ha dañado, sin aventurarnos para no volver a sufrir.

Ayyy, cuantas cosas nos perdemos con esa actitud conservadora...

Cada otoño es una nueva experiencia, para algunos triste, no se sienten capaces, aunque los son, de disfrutarla, no se sientan a ver la lluvia caer, solamente notan que se mojan, se fijan en lo que va a suponer, no en el olor de las chimeneas, añoran la luz intensa del sol , sin reparar en las nubes, que con sus preciosas formas y grises corretean jugando a nuestro alrededor.

Igualmente en nuestro otoño, las personas, nos centramos en cada dolencia, carencia o merma que tenemos, sin reparar en todo lo que no nos afecta, en lo que seguimos conservando, en lo que se esconde detrás de cada arruga, en lo que va más allá de lo aparente,  priorizamos una vez más lo banal,  lo negativo.
Nos gusta compadecernos de nosotros mismos, es como si bajo el manto de la autocompasión nos sintiéramos protejidos.

Pues no amigos, jaleemonos para animarnos a seguir viajando ilusinados, hay tantas cosas que descubrir, tantos matices con los que vestirnos,  y, ya sea en la estación que sea, siempre disfrutando. 

La vida es una y corta ¿vamos a malgastarla con añoranzas?
Síntamonos agradecidos por lo que hemos vivido, y por todo lo que nos queda por vivir.

 Lo transcendente es amar, vivir y sentir no importa si en rojos, naranjas, ocres o granates, o, en invierno, cuando lleguen las nieves, en un blanco inmaculado...


sábado, 17 de octubre de 2015

Este post va de contemplar...




Hay cosas que son bellas... independientemente de quien las mire y de como se miren...


Este post, de hoy, pretendo que sea mucho más de contemplar, de disfrutar con la mirada, que de leer.
No soy una experta fotógrafa, soy una aficionada, más que a la fotografía a plasmar lo que mi retina, desgraciadamente, no puede conservar, ni acumular, por eso esta entrada va más, de sensaciones que de buenas instantáneas.

Cada vez que salgo a dar un paseo me admira la belleza de lo que nos rodea, es un inmenso placer notar que mantengo, a estas alturas de mi vida, la capacidad de asombro.
Ya sé que habrá quien piense, con esto que voy a decir, que soy... infantil, lunática... cabrían muchos calificativos, que en ningún caso me molestan, porque, me siento afortunada, yo, amigos , cuando contemplo me emociono, a veces, hasta casi llegar a las lágrimas, es tan increíblemente hermoso que me siento envuelta con un manto de admiración y gratitud máximos.


Que pequeños somos ante tanta inmensidad y nos creemos el ombligo de todo...
Dicen que mirar con humildad engrandece el alma...


A pesar de los escollos, de las piedras, grandes o pequeñas, que encontramos,
además de los momentos oscuros donde las hojas cubren el sendero,
el camino es digno de disfrutarse...





La vida a veces se ve enmarañada, uno se siente terriblemente abrumado,
hay que mantener la calma, reconocer los colores y las formas,
para poder vislumbrar, así, entre el follaje...porque la luz y lo bello están ahí.



Siempre enfrentando los problemas sin perder la dignidad, con la cabeza alta,
siendo conscientes de que todos pasamos por momentos difíciles, no somos los únicos,
ni raros, somos humanos...


Aceptando, a veces sin comprender, pero confiando en la vida y dejándonos fluir...




El camino continua, todo pasa y de pronto..,en un recodo, la vida cambia su color,
te hace un guiño y te encuentras sonriendo...te ha vuelto a sorprender una vez más...


Ayer, me dijeron algo que me emocionó profundamente, es un pensamiento que yo siempre he sentido, pero que no siempre he podido exteriorizar, quizás por temor, infundado o no, a no ser comprendida,

¿te gusta? pregunté excitada por todo lo que estaba viendo, 
y me contestaron: me gusta, pero mucho más porque te gusta a ti... 

Pues eso quiero deciros, lo compartido todavía es más bello... si cabe...
Gracias por contemplarlo conmigo, a ti, y a vosotros! 


(Las fotos están tomadas en el "Camino de Sorogain" Roncesvalles, Navarra)

lunes, 20 de julio de 2015

¡Ojalá llegue el sustanciero!


 Aquel que tiene sentido común aporta la sustancia más nutritiva allá donde colabora...

Estos días han llegado a mis manos varios artículos sobre un curioso oficio del pasado, el oficio de "sustanciero", ¿que que hacia ese pintoresco personaje?

" el sustancuiero era un personaje que, provisto de un hueso de jamón,  iba por las casas introduciéndolo en las ollas para darles sustancia o sabor."

Después de leerlo, no he podido dejar de pensar en la falta que nos harían ahora sustancieros que fueran por partidos políticos, organizaciones, e incluso familias, a poner un toque de sustancia, sólo que ahora, sustituiríamos el hueso de jamón por algo, que visto lo visto no todos conocen, llamado "sentido común"... 
Claro que... no podríamos hacer como antaño, pagarles por tiempo y mucho menos de ante mano, demasiado riesgo según a quién encargáramos el desembolso...

Andamos todos desbocados, otorgando primacía a cosas que no la tienen, creyendo en sueños que "sustancieros de pacotilla" nos venden  y que cuando metes en la olla no tienen fundamento....

Estamos perdiendo los valores, el sentido de la justicia, de la equidad, la ética, nos dividimos en buenos y malos como si eso nos diera una valía superior, actuamos por impulsos satisfaciendo deseos. Buscamos todo aquello que nos resulte más cómodo, sin detenernos a pensar a quién beneficia o que perjuicios puede reportar al otro...

Hemos sustituido el sentido común por un común sentido, el egoísmo...

Es curioso cómo somos capaces de cambiar el significado de los términos a conveniencia, el "bien común" lo hemos individualizado, en algunos casos, sustituido por el bien del partido o grupo de pertenencia, y en muchos, por el bien propio.  
Con la excusa de que algo es beneficioso para la comunidad se crean puestos, concursos, eventos, normas, etc. que cubren las necesidades y deseos propios, "del corrillo", pero... ¿alguien pregunta al resto?, ¿alguien se pone de verdad en el pellejo del otro?, ¿alguien piensa en lo que va a reportar a la comunidad en su totalidad?, me temo que en la mayoría de las ocasiones la respuesta es NO...
y cuando la piedra económica, tras tantos desmanes, aprieta el zapato, entonces sí, aquí estamos todo el resto para responder, incluso con lo que no tenemos...

Ya no "nos gusta esto" sino "me gusta", ya no "queremos"sino "quiero", eso sí, a la hora de hablar en voz alta,  pensamos y repetimos lo que uno desea, aquel que aprovechándose de la desesperanza, colorea el futuro y nos conduce por un camino de quimeras, y nosotros ávidos de ilusiones no nos damos cuenta de que son pinturas delebles, de esas que la lluvia emborrona hasta desaparecer....

Necesitamos sustancieros que nos aporten realidades, cualquier color es bienvenido si son de verdad, no tengan miedo no nos asustamos, lo que no queremos es que nos engañen, que vengan cargados de sentido común,  que valoren el trabajo de los demás aunque no sea de su propio grupo, que den ejemplo con su propio hacer, que no tengan de que avergonzarse, ni esconderse, que construyan pensando en todos, que no denosten continuamente el trabajo de los que discrepan, que aunen esfuerzos, que estén abiertos a un flujo constante de comunicación, que tengan una escucha activa, que no se mantengan encerrados en su urna, que sean un todo formando un gran equipo.

Nos hace falta un sustanciero que visite nuestros hogares que vuelva a poner coherencia, que coloque a los padres en su lugar de padres y enseñe a los hijos que también tienen responsabilidades, que vacíe la olla del miedo a traumatizar, de permisividad sin sentido, de chantajes emocionales, de culpabilidades inciertas y la llene de comprensión, escucha, respeto y amor.

Ojalá llegue un sustanciero que con ese sentido común llene nuestras ollas, de caldo sano, cargado de ilusión para seguir avanzando en convivencia pacífica y construcción positiva.




Más información sobre el oficio de sustanciero

jueves, 2 de julio de 2015

"Allá voyyyyy"

Por piedras que la vida nos ponga, no hay que perder la ilusión, por amar y por dejarse amar.

Es increíble la vida como va dibujando el camino con pequeñas, o no tan pequeñas, muescas... cicatrices que van conformando nuestra actitud y por tanto, nuestra manera de avanzar.
Que todos hemos sufrido reveses es incuestionable, y que esos reveses nos despiertan el miedo para situaciones venideras también. 
Ese miedo se yergue ante nosotros como monstruo atenazante, bloquea nuestras ilusiones, anula nuestros sueños, encasilla las situaciones, y, con la excusa de protegernos, nos esclaviza.

Llevo tiempo dando le vueltas  a la curiosa actitud que tomamos, con nosotros mismos, y por ende con los demás, cuando hemos sufrido, de alguna forma por amor. 

Cuando nos hemos sentido desgarrados, y después de haber pasado el llamado "duelo", nos decidimos a volver a abrir nuestro corazón, nos ponemos mil una trabas, antes de reconocer que lo que verdaderamente tenemos es miedo...
miedo a que nos vuelvan a hacer daño, ya sea el otro o la vida, miedo a entregarnos, miedo a dejarnos llevar, miedo a sentir "demasiado", miedo a creer en el otro, a aceptar sus sentimientos, sean cuales sean, a dejarnos mimar, miedo a amar y miedo a que nos amen, condicionando ese disfrute al que tenemos al lado, olvidando que las emociones son singulares, propias de cada individuo.
Puro miedo a empezar de nuevo...

Yo lo he sentido y lo siento, a veces, es una inquietud interna, que te lleva a cuestionarte un montón de cosas sin sentido, en vez de dejar fluir la vida y disfrutar del ahora, malgastamos los momentos con especulaciones, imaginarias, con el único fundamento de limitarnos para no volver a sufrir.
Con el agravante, en general, de no ser capaces de reconocerlo ante el otro, ¿por amor, o cariño, para no dañar?, no, por orgullo!!!!!
A nadie le gusta reconocerse vulnerable, pero lo cierto es que lo somos, ¿y qué si lo somos?,... no pasa nada, nos identifica como seres humanos sensibles y sobre todo lo mejor es que nos reconoce como "humanos".

Yo siempre he pensado que no es posible entregarse, a nada ni nadie, a medias, que quien pone medidas y se frena, no se da, realiza un simulacro, una intentona sin voluntad ni convencimiento de alcanzar el éxito, envidio, o quizás no,  a los que son capaces de meter "sólo la puntita", sin arriesgarse salvo lo justo, yo lo he intentado, pero reconozco que sin fortuna... 

Recuerdo bien a mi padre que me decía " si no quieres caer por el precipicio, no te pongas en el borde"...y yo, yo soy especialista en acercarme a ese borde y bajar rodando por la ladera... 

Para alcanzar los sueños, al menos en mi caso, hay que darse al máximo, en cualquier faceta de la vida, si no me siento apasionada, es seguro que no va a resultar, y eso implica un "allá voyyyyyyyyy" ilusionado y decidido, sin ningún temor a las consecuencias...

Las roturas se arreglan, pero las emociones, que se dejan pasar, no se recuperan.


(Imagen Panasonic)

lunes, 27 de abril de 2015

Sobrevolándome

La esencia de quienes compartieron viaje siempre continua en nosotros sobrevolándonos.

Te siento ahí, sobrevolándome, con un aleteo protector, silencioso pero presente.
Yo permanezco anclada a esta tierra, contenta de seguir disfrutando, y de continuar notándote, consciente de que aunque no pueda verte, ni abrazarte, tu fuerza está en mi.

Hemos dejado de ser concepto terrenal, (padre e hija), para ser una fusión de energías, que no pide, que no necesita, que no exige, que no juzga, que simplemente permanece, y me recuerda, de mil maneras distintas, que estamos en esta vida para ser felices, rechazando todo aquello que perturbe nuestra paz.

Hoy no entenderías casi nada de lo que está pasando, a veces pienso que te fuiste en el momento justo, cuando las lágrimas por los que más amabas eran sutiles...

Sé que aunque no comprendieras, tus palabras seguirían siendo las mismas, sé que me dirías que no importa lo que suceda a mi alrededor, ni las realidades que descubra, lo que de verdad debe marcarme es la sinceridad con la que yo he sentido y he vivido ese sentimiento en cada momento.

En ocasiones me sorprende la frialdad con la que enfrento sucesos, pero no es frialdad es aceptación, he dejado de lado la ira, y saberte en mi me ayuda a decidirme a respetar aunque no comprenda absolutamente nada.

Que más da si mi entrega ha sido a a una situación real o imaginaria, mientras haya creído en ello, me haya dado al máximo y de corazón,  las cuentas, que las ajusto yo conmigo misma, darán siempre un saldo positivo.

Las decepciones se producen por que esperas de quien no es...
Se endurece el corazón, pero te percibo diciéndome que no tiene que restarme un ápice de confianza, ni de amor, y me abro a la vida a recibir y seguir dando.

Te escucho, susurrarme al oído, Yola, se tu, se niña, hija, hermana, amiga, madre, se esa mujer que tiene un poquito de todo, que sabe sobreponerse y entregarse, y yo, sonriendo, casi no acierto a decirte, bajando la mirada, que lo intento, lo intento pero no siempre lo consigo.

Agradezco que me sobrevueles, iluminando el camino y recordándome lo que de verdad importa, amar siendo leal a uno mismo y a los demás, aceptando y respetando lo que, y a quién, la vida pone en tu camino.
 

  

martes, 14 de abril de 2015

Un amor completo

El amor no es posesión, es presencia consciente, entregada y voluntaria...

Cuantas veces hablamos de amor sin detenernos a pensar en lo que estamos hablando.
Cuando amamos, no nos basta con sentir mariposas en el estómago, con estar exultantes, con sabernos afortunados por el mero hecho de vivirlo con consciencia, no, todo eso no nos basta, exigimos que nos amen, cuando en realidad, no tenemos por qué...

Amar es un sentimiento unilateral.... ¿que nos gusta que nos correspondan? claro!!! sería absurdo negarlo...

Cuando uno se decide a amar... lo  hace vibrando a cada paso que da, viviendo cada día una historia nueva, saboreando cada pequeño avance, con el convencimiento de un final impredecible, desconocido, tal vez incluso el no deseado, pero carente de importancia en el momento presente.

La forma de amar cambia con la edad como nosotros mismos, no de intensidad pero quizás si de expresividad, también depende, y mucho, de la manera de ser de las personas...
Así como hay quien valora el sentirse en paz con su pareja, sentarse en un jardín, el de la vida, y observar, a otros sin embargo lo que les gusta es compartir emociones fuertes, como si cada recorrido fuera un viaje en la noria y necesitaran, constantemente, perder el aliento...

Yo quiero un amor completo, no un amor que no haya amado nunca, no, eso sería además de pretencioso poco práctico, quiero un amor que sume emociones, que invente matices, que sienta mis caricias como mías, que desee compartir y aventurarse aun a riesgo de perder...

Quiero un amor decidido a entregarse, a intentarlo, a vivirlo, a disfrutarlo, a arriesgarse, abierto al cambio, sin enroques ...
A quien admire y que me admire disfrutando cada día el placer de habernos encontrado ...
Quiero un amor sosegado que respete mis silencios, y mis charlas sin sentido, a quién escuchar y de quien aprender.
Quiero un amor que me ame a su manera y me deje amar a la mía...

Quiero, quiero, quiero, que cantidad de yo en todo esto... eso es lo que me sale mecánicamente, quizás fruto de un aprendizaje no consciente...

 Pero que fácil sería cambiarlo....

(Yo quiero) Un amor completo, no es  un amor que no haya amado nunca, no, porque cada historia es única, diferente, (quiero) es un amor que suma emociones, que inventa matices, que sienta las caricias como únicas, que desea compartir y aventurarse aun a riesgo de perder, complice, amigo, amante...

(Quiero) Un amor que se entrega, vive, disfruta, arriesga, dispuesto a sorprenderse, que comprende, admira, agradece.
(Quiero) Un amor sosegado que respeta los silencios, y las charlas y charletas, que escucha, aprende...
(Quiero) Un amor completo, que da y recibe,  que genera un flujo constante de AMOR

En verdad  sólo quiero lo que la vida me regala a cada instante, mantener la capacidad de disfrutar las pequeñas cosas cotidianas, sin expectativas, y fluir...

AMOR, tengo de sobra... para dar y recibir!


(Fotografía de internet, retocada por YA)

viernes, 3 de abril de 2015

¿Cómo percibimos lo que vemos?


Nuestra manera de percibir está condicionada por nuestra forma de sentir...

Me gusta el mundo de la fotografía y aunque soy una simple aficionada, me encanta retocar mis fotos.
Es curioso como esos pequeños retoques dependen de mi estado de ánimo.

La creatividad y la imaginación van de la mano de la ilusión y la emoción...

Cuando voy a transformar algo que veo, me detengo en aquellas facetas y colores con las que en ese momento me identifico.




 Cuando uno se siente más triste todo a su alrededor se vuelve más gris...


Pero en cuanto uno empieza a ver un poquito de luz los colores comienzan a emerger por arte de magia...


Y cuando la vida nos vuelve a sonreír, sin saber porqué, nuestros sentidos se abren a esa belleza que aunque es indeleble no siempre es percibida en todo su esplendor...


La vida está llena de matices, todos ellos aportan, son complementarios...
Amo los momentos de tristeza, son inevitables, forman parte del todo... no los amo porque me gusten...


los amo porque me permiten disfrutar con más intensidad cuando se desvanecen, cuando se transforman en aceptación y lucha....


Cuando uno vive con pasión, el viaje se convierte en un torbellino de colores, y cada vez que se rememora se disfruta...emociona...


Cuando uno se siente en paz lo que le rodea se impregna de ese sosiego...


Cuando uno se siente bien el corazón vibra, se engrandece, se emociona y sueña...


Cuando uno se siente feliz, los escollos son incentivos para continuar adelante...


Cuando uno ama... todo carece de importancia, los problemas se aligeran, solo están la mar, el cielo, y un maravilloso mundo por recorrer!


Procuremos enfocar en positivo para percibir la vida en todo su esplendor!